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La voz: una compañera de viaje

...De pequeña...
Recuerdo bonitos momentos cantando desde que soy muy pequeña. Mi padre y yo siempre cantábamos juntos cuando íbamos en coche (¡recuerdo todavía todas las canciones que me enseñó entonces! Son las únicas que nunca he olvidado). Y siempre que tenía ocasión, cantaba. Disfrutando con otra gente y sin ninguna vergüenza.

...Empieza la formación...
Cuando tenía 14 años empecé a estudiar canto. Y me resulta curioso observar que desde entonces fue apareciendo una especie de juicio que ya no me permitía disfrutar inocentemente del canto.

Iniciarme en los estudios de canto formales (entonces sólo existían estudios reglados clásicos), significó adentrarme en un mundo de normas a seguir para ser supuestamente buena según el criterio del profesor que te llevaba. Un día y otro hacíamos las mismas vocalizaciones. Y, finalmente, después llegaron los exámenes y, con los serios tribunales que nos examinaban en el conservatorio, pocos eran los que podían evitar los nervios. Entonces las clases consistían básicamente en repetir unos ejercicios y automatizar una serie de mecanismos musculares para ir mejorando la técnica vocal.

...Surgen dudas...
Siempre había estudiado paralelamente con profesores “no reglados” técnicas más modernas porque me gustaba muchos el teatro musical y, a pesar de que no era bueno que estudiara las dos cosas a la vez, yo siempre pensé que aquello me nutría o, al menos, me sentaba bien.

Con el tiempo, cuando ya no era tan jovencita y casi con la carrera de canto acabada, empezaron a surgir muchas preguntas en mí.

El teatro me daba libertad de movimiento, me permitía ver que no había una única forma de cantar. Cada personaje me pedía cosas diferentes, ¡y mi voz se podía adaptar! Quizás mi técnica clásica no era la más pulida del conservatorio pero tenía un registro en los grabes que, aunque fuera extraño para mi edad, era muy rico. Y podía hacer muchas cosas, que otros compañeros del conservatorio no podían hacer.

...Se abren nuevas puertas...
Con los años conocí el método del Yo Estill Training System, más conocido como “Voice Craft”. Al estudiarlo, se me confirmó que se pueden cantar diversos estilos a la vez y que no es malo para el instrumento. Sencillamente, es diferente. No sonará igual un instrumento que sólo haya desarrollado una determinada musculatura que uno que haya desarrollado una diferente o diversas. (Como pasaría en diferentes tipos de atletas). Pero no tiene nada que ver con una cuestión de salud vocal, como me habían dicho muchas veces.

...Extraigo conclusiones...
Así, con los años fui viendo que no hay una única forma de cantar bien, sino tantas como personas y gustos hay. Ni hay una única forma de enseñar a cantar, sino tantas como profesores y alumnos. Se trata de encontrar el mejor camino de aprendizaje para cada uno.

También me di cuenta que aprender a cantar y a tener un verdadero conocimiento de la propia voz, implica conocer bien tu cuerpo y saberlo escuchar. Y interpretar bien, implica conocer tus emociones y saberlas moldear. Por lo que, aprender a cantar no se consigue en semanas, ni en meses… sino a lo largo de muchos años. Y es un proceso que puede continuar toda la vida, ofreciéndote cada día nuevos aprendizajes.

...Que me traen aquí...
Actualmente, vivimos en la sociedad el éxito social; no del personal. En la sociedad de la inmediatez, el estrés y la ansiedad; no de la paciencia, la serenidad y el bienestar. Y en una sociedad más bien tecnológica y no humanista.

El estudio del canto nos permite obtener un espacio personal donde, a través de una actividad lúdica, podemos pararnos con nosotros mismos, conocernos, expresarnos e, incluso, realizarnos.

Como profesora de canto o musicoterapeuta, pretendo conseguir que mis alumnos o usuarios se adentren en un proceso gratificante, durante todo el tiempo que quieran. Y que su desarrollo vocal los ayude en su propio desarrollo personal. Que consigan hacer aprendizajes que perduren y que les sirvan a lo largo del tiempo.

"Cada enseñanza se transforma en un aprendizaje de vida " (Pietrokovsky 2007)